LA REFORMA FISCAL EN POCAS PALABRAS

La gran mentira no solo de 2017, sino de la década.

Martin F. Mendoza

Si buscáramos una forma de resumir en que consiste la mal llamada “reforma fiscal” (tax reform) de Trump y los republicanos, que más bien debería de llamarse “recorte de impuestos para los que más tienen”, podríamos hacerlo de la siguiente manera:

Un poco de alivio fiscal a partir de 2018, de la clase media hacia abajo, cierto, pero con las más importantes ganancias para quien ya gana más. Tal situación se recrudecerá al final de los diez años considerados en la legislación, ya que se estima que para 2025, los hogares ingresando más de un millón de dólares al año, tendrán un alivio fiscal promedio de 25,000 dólares, mientras que las familias ingresando entre 10 y 20 mil dólares al año, tendrán un incremento impositivo promedio de 140 dólares. El recorte en general simplemente no es necesario en este momento, pero mucho menos es lo que corresponde a la gente con mayores ingresos. Como referencia podemos recordar que, en tiempos de la reforma fiscal en el gobierno de Reagan, la tasa impositiva máxima era de setenta por ciento, actualmente no llega al cuarenta por ciento.

Continuamos con la reducción a corporaciones, las cuales fueron despachadas con la cuchara grande por parte de la mayoría republicana en el congreso, ya que fueron llevadas de un 35 por ciento máximo a un 21 por ciento. La enorme rebaja en la tasa impositiva no es tan escandalosa como los absurdos argumentos con los que se plantea, y si no, veamos. De entrada, ese 35 por ciento es mas teórico que real, es decir con todas las lagunas y facilidades que existen para que sobre todo las grandes empresas hagan deducciones en sus ingresos fiscales, el promedio real pagado por estas es de 22 por ciento. Es decir, eso de que las empresas estadounidenses tienen la mayor carga fiscal en el mundo es algo al menos bastante discutible, ya que al afirmarlo tramposamente se consideran solo las tasas punto de partida y no lo que en realidad terminan pagando las empresas. Es necesario enfatizar que, a diferencia de los recortes al ingreso personal o familiar, este recorte corporativo es permanente, es decir no expirara al final de diez años. ¿Ya nos vamos entendiendo?

Al final todo esto significa que el déficit presupuestal sencillamente explotara en estos diez años, estimándose que serán agregados a este entre uno y dos trillones de dólares (si, trillones con “t”). Por lo visto, la mayoría republicana sencillamente se olvidó de su enorme y perene preocupación por el equilibrio fiscal. ¡Quien lo iba a decir! Si en este momento la deuda nacional alcanza niveles del 77 por ciento de la economía, esta legislación la pone en franca ruta de llegar al cien por ciento, es decir de igualar deuda pública con el tamaño de la economía. Así, la capacidad del gobierno para intervenir en un escenario recesivo se reduce enormemente, además claro de que el gasto gubernamental en todo tipo de programas tiende a ceder su lugar al pago de intereses para poder seguirse financiando.

La respuesta de la Casa Blanca y de su partido a todo esto, es que los recortes se pagaran por si solos debido a que el crecimiento económico que generaran ampliara la base gravable. Baste decir que no hay economista serio hacia cualquier lado del espectro político que apoye tal creencia, con excepción de aquellos totalmente ideologizados. Si bien es cierto que las reducciones de impuestos en las proporciones y momentos adecuados tienden a, efectivamente, generar crecimientos que no solo paguen por ellas, sino que aumenten los ingresos gubernamentales, en este caso eso sencillamente no ocurrirá. La carga fiscal no esta siendo en este momento el lastre para la inversión empresarial que impide el crecimiento económico y la creación de empleos. Las razones de que muchas empresas estén “sentadas” en miles de millones de dólares son de otro tipo y se asocian más con la dinámica globalizadora a la que esta legislación no atiende en forma alguna.

Curiosamente, asuntos como programas gubernamentales educativos y de reentrenamiento para la fuerza laboral que enfrenten la creciente automatización de los procesos laborales, tienden a ser las primeras y mayores victimas cuando los ingresos fiscales son reducidos en forma tan escandalosa. Ese tipo de temas son mucho mas importantes para las empresas (ojo, digo empresas y no empresarios o inversionistas) y sus decisiones al momento de invertir, que lo que contiene esta reducción de impuestos. De hecho, ni siquiera en encuestas levantadas entre líderes empresariales ha quedado establecido con contundencia que la visión empresarial actual sea en realidad reinvertir gran parte del ahorro fiscal, es claro que mucho de este se destinara sencillamente al pago de dividendos, así como recompras accionarias en los años futuros. Así que no, este enorme recorte no traerá crecimiento económico suficiente ni siquiera para pagarse a si mismo. Afirmar lo contrario es una falacia.

En 2018 nos tocara presenciar el intento republicano por suprimir todo tipo de programas públicos, ya que argumentaran que habrá que “actualizarse” a la nueva realidad fiscal. Incluso piedras angulares de la red de seguridad social como el mismo Seguro Social, Medicaid, y otros de los así llamados “entitlements” correrán un gran peligro ante una mayoría en el congreso que ya demostró no sabe dónde detenerse.

No es en vano que tantos y tantos observadores de políticas públicas, en donde se incluye una multitud de destacados economistas, estén hablando ya de que esta es la peor pieza legislativa que hayan visto en su vida. No queda sino espera que un futuro congreso modifique al menos gran parte de esta legislación a tiempo, antes de que cause todo el daño que ya se sabe causara.